sábado, 18 de octubre de 2014

LA DIOSA CREADORA: ARQUETIPO UNIVERSAL


En este ciclo nos conectamos con la naturaleza femenina que mora en hombres y en mujeres, y que ha sido representada en la mitología de todas las razas y culturas en el arquetipo de la Diosa Creadora. A través del canto, del sonido interno y de la expresión mitopoética, nos sintonizamos con su movimiento cíclico, cambiante y fluido, reconociéndola dentro de nosotros en cada una de sus fases como Diosa Origen, Doncella Identidad, Madre Amorosa y Abuela Sabia. Éste es un espacio sagrado donde honramos el poder de la energía femenina y su influencia en nuestra vida, muriendo y renaciendo en el vientre primordial de la Diosa, hasta darnos a luz a nosotros mismos.


 LOS ARQUETIPOS DE LA NATURALEZA FEMENINA



Al margen de las experiencias personales que impregnan nuestro inconsciente, hay un fondo común de reacciones y representaciones innatas del mundo, que la tradición cultural llama inconsciente colectivo. Este dispositivo de la conciencia regula un fondo común de modelos de conducta igualmente repartidos entre todos los individuos. A sus contenidos los llamamos arquetipos y la mitología es el terreno en que nuestra consciencia puede acceder a la red de significados que ellos establecen con nuestra experiencia.

En las sociedades antiguas los arquetipos eran instrumentos pedagógicos, con los que se enseñaba a mujeres y a hombres a descifrar el sentido de sus experiencias, a aceptar y respetar sus obligaciones con la comunidad y a dialogar con la divinidad. A partir de esta comprensión íntima de los arquetipos, las personas construían sus propias identidades individuales.
El primero en hablar del arquetipo como concepto fue el psicólogo C.G.Jung, quien lo definió como patrones de existencia o esquemas básicos de conducta internos-innatos y latentes-, que se hallan arraigados en el inconsciente colectivo.
Siguiendo a Jung, varios investigadores, entre ellos Joseph Campbell, estudiaron los diferentes arquetipos desde la mitología universal, ya que ésta narra las historias arquetípicas y evoca sentimientos e imágenes que integran la herencia humana.

Los arquetipos son, por tanto, fuerzas poderosas invisibles que modelan la conducta e influyen en las emociones y que también interactúan, afectando a cada hombre y a cada mujer individualmente. Conocerlos es una enorme fuente de poder personal, puesto que son potenciales: partes de nosotros mismos que podemos desarrollar para crecer y vivir de acuerdo con lo que realmente somos y queremos, experimentando así la dimensión sagrada de nuestras vidas.


LA DIOSA CREADORA



Uno de los arquetipos más frecuentes era el de la Gran Diosa, en la que se reconocía la fuerza femenina universal, asociada a la Luna, y que se metamorfoseaba en cuatro diosas que simbolizaban el ciclo vital femenino (La Diosa oscura, la doncella, la madre y la abuela). En las antiguas sociedades matrísticas, en la Diosa encarnaban las potencias primordiales de la vida, la muerte y la transformación. Con los griegos y sus rigurosas construcciones filosóficas y religiosas, que significaron una transformación de las civilizaciones precedentes, los arquetipos femeninos pasan a segundo plano y si hoy todavía nos resultan familiares es porque no han perdido su eficacia para hacernos pensar e interpretar la realidad.

La Diosa es la personificación original de la vida en las culturas más antiguas del planeta. En todas las partes del mundo se encuentran sus vestigios, en el arte rupestre y esculturas en barro.  Los cultos más antiguos de los cuales se tiene conocimiento son los ritos de fertilidad y fecundidad de nuestra Madre Tierra, que siguen los ciclos naturales del sol y de la luna, marcando el ritmo y el tiempo del ser humano en armonía con la tierra.

La energía primal de la Diosa está presente en los ciclos naturales de la vida, en las estaciones del año, en el nacimiento, crecimiento y muerte. Es una manifestación mutante como la luna, intempestiva como los temblores y, tormentas, amorosa como el germinar de una flor, hermosa como una puesta de sol, vibrante como el cantar de los pajaritos, la Diosa está presente donde existe vida, muerte, movimiento y creatividad.



Cuando una mujer o un hombre se armonizan con la voz de la Diosa Creadora está en camino a conectar con lo más profundo de su ser.


Reconocer su bendición cada día es una forma de volver al origen, a la casa matriz.

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